Melodía de sangre (VI)

Más allá de maravillas,
de tarde y amanecer,
de vivir o perecer,
de las lluvias y sombrillas,
existen golpeadas sillas
donde nunca nos sentamos.
Algo mágico pensamos
pero se descubre adentro,
en ese olvidado centro
de todo lo que apreciamos.

Lo sé por casualidad,
por tierna y enamorada,
por cierta corazonada,
por vivir la realidad
sin indagar la verdad.
Un día de triste cielo
la Luna dejó su velo
en el centro de mi pecho.
Un corazón al acecho
me hizo sentir su recelo.

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